Camino de Santiago

...Y nos despedimos de nuestras familias como quien se despide de su abrigo al llegar la primavera. Cuando el calor aprieta buscas aire y libertad, y restar peso a tu cuerpo, y sentirte ligero, ágil… Ser un cincel que no entiende de martillo, capaz de esculpir bajo su propia dirección.

Nada de lo que nos ocurrió empezó en Sarria. Nadie sabe en qué tramo del camino comienza a avanzar. Todos andamos; arrastramos nuestros pies de un albergue a otro y sentimos el dolor al que huele cada sendero, pero es nuestra mente quien nos convierte en peregrinos, quien consigue hacernos adelantar sin la necesidad de acrecentar el ritmo.

Hay mil maneras de viajar, mil modelos de zapatos que calzar o mil estrofas con las que decorar la marcha. Sin embargo, y por distintos que podamos llegar a ser, una única manera de vivir realmente el camino.

El camino se vive en uno mismo, en tu reflexión y predisposición a modificar cosas de tu vida al volver… -Volver sin irse nunca-.
El camino se vive en las caras de tus compañeros, en la armonía de sus cascos o en sus silencios nocturnos.

El camino se vive en lo que eres, en lo que pretendes ser y en lo que te vas convirtiendo.
 
Santiago viste el alma de piel; son las personas que te acompañan quienes dibujan venas.

Qué bonito es vivir metáforas de la propia vida. Qué bonito sentir el dolor y los amagos de rendición de tu ser. Soñar con distancias que trazan abismos, fundir la meta con la salida.

Qué bonito saber que las ampollas no van más allá del cuerpo y que el cansancio se cura con una ducha caliente. Que el error es un trámite y las oportunidades conforman un libro en blanco.

Qué bonito dibujar sueños y tirar de ellos hasta despojarlos del folio. Sacar la mano del bolsillo para portar las limitaciones de alguien.

Nunca dejes de caminar, como mucho disminuye la medida o velocidad de tus pasos. Si frenas el cuerpo se enfría y el corazón se hace hielo. Busca inspiración en la luz del sol; en las flechas que sus rayos han teñido para ti.

No existe mapa que muestre la última etapa. No existe monumento que señalice el final del recorrido. “Nacer, pero al revés”, llegar a los principios de uno mismo.

Quizá necesitemos del abrigo.

Teresa Martín Martín
Alumna de 4º de la ESO

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